¿Vivimos en coherencia?

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Coherencia. ¿En qué consiste ser coherente?

En el día a día vamos y hacemos, sin medir la coherencia de nuestros actos. Ya sea de palabra, pensamiento o acción… En escasas ocasiones estamos en coherencia.

Una parte nos dice que sí, que realmente estamos haciendo lo que queremos y sentimos hacer, pero ¿de dónde nace tal afirmación? ¿Del corazón o de la mente? Muchas veces se observan como dos opuestos, llevándolos incluso a una lucha y realmente nos olvidamos en apreciar el camino que confluye entre ambos, y no es otro que la comprensión.

Vivir coherentemente reside, a mi modo de sentir, en estar en contacto y en conexión con un@ mism@. De estarlo, podemos vernos por dentro y ver si lo que llevamos al día a día, está o no en línea con nosotros.

Nos creemos seres limitantes y nos olvidamos que nuestro poder reside en escuchar a la brújula que dicta el corazón. ¿No has ido nunca a un lugar sin saber por qué y luego sorprenderte y comprender por qué tenías que estar ahí? ¿No has escuchado nunca una voz diciéndote no hagas ésto o aquello. Y al hacerlo comprendiste que hubiese sido mejor no hacerlo? Esa es la brújula del latir del corazón. Si la seguimos, rara es la vez que no nos maravilla y de no hacerlo, cuanto nos lastimamos. Al fin y al cabo, todo es un conjunto de lecciones.

Ser coherente no es una imposición y mucho menos es una obligación. Es un hacer desde el corazón. Ser uno, en todo su conjunto.

¿Cómo hacerlo, más de uno se estará preguntando, si el ritmo de vida me lo impide? A esta pregunta, te voy a responder con otra pregunta para que seas tú mism@ quien saque sus conclusiones. ¿Por qué no te crees merecedor/@? El poder hacerlo y el hacerlo se diferencian en creerlo y crearlo.

¿Quizás lo que temes no es empezar con lo nuevo, sino despedirte y abandonar por siempre jamás lo de siempre?

Los miedos forman parte de las personas que hoy somos, sin ellos no hubiésemos podido sobrellevar y superar muchas de las vicisitudes que nos hemos ido encontrando en el camino. Sin embargo, el miedo no debe ser un bloqueo que nos paralice a ser coherentes con lo que sentimos debes hacer (en todas las manifestaciones posibles).

El miedo sirve para recordarnos que todavía hay muchas zonas de nostr@s mism@s dispuestas a ser descubiertas. No es un impedimento, es un avance si se le da la oportunidad de verlo, sonreírlo y caminarlo.

Al fin y al cabo, será la coherencia la que permitirá que seas tú mism@.

Que el tropezar no te impida seguir caminando. Pues mira esos tropiezos como empujones al siguiente paso.

¡AMA CADA PASO!

Mónica Larruy Carrete – Octubre 2016

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