¿Cómo sanar las heridas emocionales?

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A lo largo de nuestra vida vamos experimentando diversas situaciones que nos forja el carácter de la persona que somos a día de hoy. Estas situaciones no siempre son agradables, sencillas y gratas de vivir. Sin embargo, son necesarias para nuestro desarrollo. En el artículo de hoy vamos a ver cómo sanar las heridas emocionales que nos acompañan, de forma que nazca la comprensión y aprendamos a soltar las emociones derivadas de estas.

Puede ocurrir que desde muy temprana edad hayas tenido una vivencia que te haya marcado fuertemente en tu carácter, hasta el punto de llegar a sentir frustración, rabia e incluso rencor. Estas situaciones son necesarias que aparezcan a la luz, para desde ahí comprenderlas y poderlas transmutar. Si por el contrario no reconozco ante que situación mi cuerpo se tensa, nace la rabia o el miedo, difícilmente voy a poder darle gestión.

A continuación vamos a ver algunos trucos para sanar las heridas del pasado:

 

  • Escucha tu cuerpo:

De forma consciente o inconsciente nuestro cuerpo ante un olor, una emoción, unas palabras puede trasladarse al momento en que sufrió un shock emocional. Aquel punto en que el cuerpo detectó una alarma y como tal dio la respuesta necesaria para poder sobrellevar y protegerse ante aquello que suponía una amenaza.

Si no eres consciente de qué, quién o cómo se despierta ese sentimiento intenso en ti, comienza por observar y escuchar las señales de tu cuerpo. Para ello, te animo a que en el momento en que aparezca esa manifestación física o emocional puedas detectarla. Por ejemplo, en momentos en que veas cómo está brotando una fuerte rabia, como tus hombros se están tensionando llegando casi casi a una contractura. Observa qué ha sucedido para que tu cuerpo haya reaccionado así. Puede tratarse de una idea, pensamiento, situación o persona que ha provocado que se encendiese esa chispa en tu interior.

  • No te dejes arrastrar por la situación:

En el momento en que hayas detectado qué es lo que te despierta esa intensidad no natural en ti, evita dejar arrastrarte por ella. Es decir, amplía tu foco de visión más allá de esa situación. Imagínate una cámara, si hacemos zoom a tope estoy viendo una perspectiva muy pequeña y reducida de la situación, sin embargo si quito el zoom y observo todo el horizonte, puedo apreciar una clara visión de todo lo que me rodea.

De forma similar ocurre con nuestras emociones, puedo hacer zoom y focalizarme únicamente y exclusivamente en esa situación (creando incluso un bosque infinito de árboles a partir de la semilla de un único pensamiento), hasta el punto de generar una gran nebulosa mental; o bien puedo retroceder dos pasos atrás, parar y ampliar el foco de visión. Viendo más allá, como si fuese un espectador y no el protagonista. Desde ahí podré estar en un estado de calma y claridad mental para poder comprender.

  • Permítete comprender tus emociones sin frustración:

En el momento en que tenga la visión de la situación, puede fácilmente surgir la frustración: ¿Por qué me ha tenido que pasar? ¿Por qué ha tenido que ser ahora? ¿Qué sentido tiene todo esto?… Un sinfín de preguntas que aunque sean necesarias, difícilmente van a tener una clara respuesta si me sitúo en el lado de la frustración. Ante estas posibles preguntas que puedan nacer, te animo que lo hagas desde la compasión de quien ve que tenía que darse así, porque sólo así podías tener unas lecciones de vida que sin ellas no te harían ser quién eres a día de hoy.

Estoy convencida que habrás experimentado vivencias ciertamente dolorosas, sin embargo, seguro que ha sido a partir de ellas de las que mayor fortaleza y autoconocimiento has adquirido. Muchas veces a uno le gustaría que la vida tuviese el menor número de cambios posibles, que se mantuviese siempre todo en lo que se considera el orden conocido, que fuese siempre todo un máximo de felicidad sin fin. Sin embargo, la vida son constantes cambios adaptativos. Únicamente puedo conocer qué es la alegría si antes he experimentado la pena.

A partir de la observación y la escucha nace la comprensión para el avance y la posibilidad de sanar esas heridas emocionales. Las sesiones de terapia de gestión emocional son recomendables en estos casos para ayudarnos a gestionarlas, tratarlas y darle respuesta.

Todo camino tendrá piedras en él, pero está en ti cómo afrontarlas: tropezándote y maldiciendo por haberte caído, bordeándola, u optando por otro camino. No lo dudes. No dudes de ti. Toda herida emocional tiene respuesta a partir de tu propia escucha. Es en los momentos “oscuros”, cuando más se ve la luz.

 

Mónica Larruy Carrete – Noviembre 2018

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