Sabiduría emocional: navegar en mares internos bravos

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Del silencio cobran vida muchos sentimientos. Sentimientos que nos dan luz en esa subida del camino con una pendiente pronunciada que creemos no poder con ella y no ver el final.  O sentimientos que nos remueven como un oleaje bravo que toma el control y nos separa de la orilla mansa y en calma.

Podrá parecer que el primer tipo de sentimiento es más valioso que el segundo. Sin embargo, debo decir que no se trata de una competición. No hay mejores sentimientos que otros. No hay formas de sentir con más valor que otras. Ahora bien es verdad, que unas nos son más cómodas y agradables que las otras.

Aquellas que nos sacan de nuestro centro, de estar en nosotros pueden resultarnos detestables hasta odiosas. El abanico es muy amplio jejeje. Sin embargo, éstas son las que nos convierten en auténticos marineros, titulación de patrón de grandes embarcaciones con toneladas de sentimientos. Así que de sabios es aprender a navegar en nuestro mares internos por muy bravos que sean. 😉

Un auténtico marinero conoce el mar (su mar interno) por haber navegado con fuerte oleaje. Es en esos momentos cuando mayor conocimiento adquiere: del manejo de su embarcación (siendo la embarcación nosotros mismos) y mayor conocimiento adquiere del mar (siendo el mar sus emociones). Es decir, cuando mayor conciencia podemos adquirir de nosotros mismos será ante aquellas situaciones que nos regala la vida para navegar por nuestro interior. Podemos optar por dejarnos llevar por la marea de nuestros sentimientos. En cuyo caso es muy fácil y probable entrar en lo que denomino bucle. O bien, podemos decidir sumergirnos y bucear en ellos. Eso sí, tomando oxígeno en la superficie por favor jejeje.

Con ello deseo hoy compartir contigo que siempre habrá situaciones que en un principio nos pueden resultar im-posibles o que nos pueden generar un tremendo dolor. Sin embargo, el aprendizaje que obtendremos de ellas tendrá un valor incalculable.

 

Para ello, ¿cómo puedo navegar en mares bravos?

1. Para y date unos minutos.

Inicialmente, la primera idea o el primer sentir que nazca será probablemente muy intenso. Tal intensidad provoca la ausencia de calma y claridad. Para recobrarla, puedes hacerlo de manera muy sencilla: dejando de hacer lo que estás haciendo (incluido también el pensar en la situación) y concediéndote unos instantes para respirar conscientemente y recuperar así el sosiego. Sólo entonces, reanuda lo que estabas haciendo. Verás cómo tu perspectiva ha cambiado y tu ritmo pasa a ser muy diferente.

2. Se ha dado así, ¿qué puedo hacer ahora?

Ante un acontecimiento que ha sucedido, no queda más que comprender que se ha dado cómo se tenía que dar y que por mucho que uno se pueda fustigar pensando en que se podría haber hecho de otra forma, la realidad del momento actual es que ya sucedió. Por tanto, se debe llevar el foco al momento presente para construir a partir de aquí y ahora. Únicamente desde este instante que tienes ahora es el que te permitirá avanzar hacia el futuro.

3. Comprensión

Puedo lamentarme, castigarme, desear que hubiese sido diferente… Sin embargo, si me instauro en cualquiera de estas actitudes no me va a permitir avanzar. Si no, que serán inmensas toneladas de peso a mi espalda que no me van a permitir levantarme para dar el siguiente paso. En su lugar, ¿por qué no comprender la situación? Y con comprender no quiero decirte que sea resignarte, sino abrazar desde la comprensión el suceso. Desde ahí, verás que podrás avanzar ligero.

 

Estas son algunas pautas que se pueden aplicar de forma sencilla ante esos sucesos que podemos experimentar y que si nos dejamos llevar por la emoción intensa inicial, podemos ir en barco, pero sin rumbo… Por tanto, no lo dudes y ¡empodérate! Toma las riendas de tu embarcación. Y para manejar fácilmente el timón, recuerda que nosotros podemos darte el empujoncito que te falta con las herramientas que te brindaremos en nuestro próximo taller de gestión del estrés y las emociones que tendrá lugar el día 29 de septiembre.

 

Mónica Larruy – Septiembre 2018

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