¿Por qué es tan importante el amor?

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Somos seres infinitos interconectados unos con otros. Nos unen lazos invisibles que rodean las almas. Somos universales, pues hablamos el lenguaje del amor, aquel que todo lo entiende, aquel en el que no hay dudas, y aquel que todo lo ve. No a través de lo visible, sino de lo invisible que reside en esos lazos que nos unen. Lazos que hacen que cuando uno no puede avanzar, el otro tire de ese lazo y consiga ayudarle a ponerse en pie y ver entonces el horizonte de posibilidades que existe ante él.

El amor mueve montañas

Puede creerse que los lazos de amor atan o estancan. Sin embargo, al igual que el agua, sólo permanece estancada aquella que no realiza movimiento alguno. En mí está la decisión de poder parar y avanzar. Desde fuera no existe ese poder. Y de existir, es porque yo así lo decidí. Pasando de ser el capitán del barco al pasajero que mira el paisaje.

Los lazos de amor son motores propulsores gracias a los cuales la fuerza conjunta no tiene fin. El amor mueve montañas. Uno por sí solo tiene infinito amor. Qué bello si este se va sumando, ¿cuánta fuerza del amor se puede generar entonces?

El amor no tiene barreras

El amor no entiende de edad, de sexo, de forma, de color… Todos tienen cabida dentro de él. Las formas del amor puede llegar a ser insospechable, pero a la vez son mágicamente maravillosas. Como todo en esta vida, uno debe abrirse a ello. Sin expectativas, sin anhelos… Simplemente, amándose primero a uno, para así poder ir reconociendo todas las diversas formas de amor que se pueden llegar a experimentar. Permitir que esos lazos de amor cubran todo tu ser, por dentro y por fuera.

El amor da sentido a todo y genera felicidad

Viviendo en amor, uno es feliz. Y si yo soy feliz, será muy muy probable que mi entorno también lo sea y que empecemos a ver también el valor de las pequeñas cosas. Y si mi entorno es feliz, también el entorno de éste… Una expresión con tendencia infinita de amor. Viviendo desde este estado, recuperamos nuestra forma más esencial. Aquella en la que vivíamos cuando éramos niños, aquella en la que lo más importante era disfrutar… ¿Dónde quedó eso?

Se dice que nunca es tarde si la dicha es buena. Desde hoy te invito a que veas a tu hermano, a tu pareja, a tu amigo, a tu vecino, al desconocido transeúnte, al conductor del autobús… con ojos de amor. Viéndolo en ti, lo verás muy fácilmente en ellos.

Todos somos IGUALES. Obviamente cada uno es un ser hermosamente único, no obstante, todos tenemos el derecho de nacimiento a ser felices viviendo en amor. ¿Por qué no sumamos unos granitos de arena para sembrar y repartir semillas de amor en la vida?

Recuerda, todos estamos unidos. Como yo esté repercute al otro. Lo que yo haga repercute al otro. Lo que yo me diga y cómo me trate, repercutirá en primer lugar en mí y luego en todos los lazos que me unen. Busca sumar en tu día a día, SIEMPRE, CON AMOR.

Mónica Larruy Carrete – Octubre 2018.

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