¿La vida es fácil o difícil?

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¿Que levante la mano quien dice que la vida es fácil? Si pudiera verte, diría que seguramente estés pensando que la vida no es para nada fácil, o incluso, me estarás tachando como mínimo de loca por plantear que la vida es fácil. 😛 Y es que, habitualmente, podemos sentir que la vida es difícil, dura, enredada… Un sinfín de sinónimos para tildarla como algo nada complaciente.

¿Por qué me está sucediendo ésto? ¿Qué he hecho yo para merecer tal cosa? ¿Por qué viene siempre todo de golpe? Estas son preguntas que solemos hacernos.

Aquí me atrevo a ponerme del lado de la vida y alzar la voz por ella 😉

Las situaciones que vivimos, que van apareciendo en nuestra vida de múltiples formas, aparecen simplemente con el objetivo de que tengamos la oportunidad de aprender de ello, observarlo, comprenderlo y seguir avanzando en nuestro camino. De forma que no suponga, un nuevo tropiezo en el camino. Sino todo un avance de conocimiento hacia mí y hacia lo que me está sucediendo. Descubrir capas que habitan en mi interior que creía no existían o puede que las viese como dormidas. Sin embargo, ellas también forman parte de mí y me definen.

Recuerdo el día en que tuve una lesión en el pie. Una lesión que me retiraba de hacer de por vida aquello que en aquel instante era lo más importante para mí: el triatlón.
No os podéis imaginar lo que lloré durante días. Sentía que todo había acabado. Tenía que permanecer quieta como nunca antes. No podía hacer lo que más me gustaba. Cualquier mínimo intento de caminar era toda una odisea para mí. Toda mi vida se quedó en ese momento reducida al trabajo.

Ya de por sí, trabajaba y trabajaba. ¡No os hacéis idea del número de horas! Sin embargo, mi vía de escape era el deporte. Mi momento para apaciguar la mente, y simplemente, llevar el cuerpo hasta un punto tal que el resto de las preocupaciones del día a día desapareciesen.

Lo viví como un momento de derrota. Esa situación me llevó a estar conmigo, cosa que antes era imposible, ya que siempre estaba ocupada haciendo cosas y más cosas. No paraba. No me veía. Fue entonces, cuando me di cuenta de que ese no era el trabajo que quería continuar haciendo. No me sentía realizada.

Esa lesión, me apartó de lo que creía que más quería para darme la oportunidad de realmente conocerme. Me llevó a la meditación, al Chi Kung, a la Medicina Tradicional China… Me llevó a estar conmigo en paz. Infinitas preguntas que aparecían y que rara vez tenían respuesta. ¡Y cuando daba con una, aparecían tres preguntas más! Todo un proceso que me llevó a un crecimiento personal que de otra manera no hubiese sido nunca posible. A darme cuenta de lo importante que es la escucha activa de uno mismo.

Aquella oscuridad me sirvió para ver la luz que habitaba en mi interior y la cual había sido incapaz de ver. Aquella desesperanza abrió la puerta hacia el amor propio. Aquel final, no fue más que el inicio de un viaje de re-descubrimiento del que nunca más voy a bajarme.

Descubrí que la lesión era necesaria. Era vital que se diera de esa manera porque no estaba en sintonía conmigo misma. Todo mi foco estaba fuera. En ningún momento estuvo conmigo. No hay día que no agradezca esa lesión. Aún hoy hay veces que siento dolor. Y “casualmente” ese dolor aparece ante determinadas situaciones como señal de recordatorio que por ahí no debo seguir.

Lo hice todo tan complejo. Y descubrí que todo era mucho más sencillo. Me enredé en lugar de ver que no había posibilidades más allá. Sin embargo, al ir escuchándome, viéndome internamente, comprendiéndome, vi la sencillez de todo.

La vida no es difícil ni dura. La vida puede ser realmente sencilla y divertida. La vida es como nosotros queramos que sea. Somos los protagonistas de nuestra vida. Somos los bailarines que danzan en ella. Somos los caminantes que la transitan. Y en ella podemos tomar muchas formas. Puedo tomar la forma de caminante que no puede avanzar, la de que no ve opción más allá, la que se queda en su cueva sin querer saber nada más, o bien puedo tomar el papel de transitar por ella, conocedor de que los baches en el camino sirven como “golpe” para que ponga atención y me mire. La sencillez reside en permitirte re-descubrirte, re-conocerte desde la propia comprensión.

 

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Mónica Larruy – Noviembre 2017

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