¿Es bueno ser sentimental?

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Cuántas veces nuestra mente guía nuestro camino y cuantas veces nos dejamos simplemente llevar por nuestros sentimientos. ¿Hay una opción mejor que otra? ¿Es bueno ser sentimental? Vamos a irlo viendo, poco a poco en este artículo  😉

En nuestro día son muchas las respuestas a dar, y no siempre estamos seguros de acertar. ¡Bienvenido! Somos humanos, y es sano el “error”, pues de él aprenderemos. Tanto o más que desde el que consideramos como acierto.

Imagínate en la siguiente situación: estás en casa deseando hacer spaguettis con tomate. Y resulta que te has quedado sin salsa de tomate. Por lo que decides bajar al súper y comprar tu querida marca de tomate. Llegas al súper y resulta que no les queda la salsa que sueles comprar, y te encuentras ante 15 tipos diferentes de salsa de tomate. Ante este volumen de opciones partimos del miedo a equivocarnos: y si la salsa de tomate no es tan buena como la que me gusta… El listón lo ponemos tan alto, ¡que buscamos que la opción escogida sea perfecta! Sin embargo, como en este caso, la salsa de tomate va a ser un acompañante, no sólo de la pasta sino de tu comida. Vas a nutrirte tanto de este alimento, pero también de lo que te permitas disfrutar mientras lo comas: saboreandolo, charlando con tu pareja o amigos… Simplemente, disfrutando.

Puede parecerte un ejemplo muy burdo. Sin embargo, nuestro día se traduce en toma de decisiones muy similares dónde no estamos seguro de acertar con la opción “perfecta”. Te animo a que te permitas abrirte a diversas opciones, más o menos acertadas que podrían parecerte. Sin embargo, partamos de que la opción/decisión que tomes será más que beneficiosa para ti. 

Seguro que piensas, Mónica: no siempre lo que he escogido me ha sido grato… A lo cual te respondo, ¿estás segur@? Las decisiones que tomamos están en línea al momento actual que estamos viviendo. ¿Cuántas veces te ha pasado que los mayores aprendizajes han aparecido en momentos nada gratos? Me atrevería a decir que unas cuantas. Ahí tienes la muestra. Y es que el dicho lo verbaliza muy bien: no hay mal que por bien no venga. Pues absolutamente de todo podemos aprender y adaptarnos ante lo que nos va sucediendo. Esta es precisamente la palabra clave: ADAPTACIÓN. 

Está en nosotros el cómo vivimos un suceso para que sea más o menos intenso, tanto en positivo como en negativo. Nosotros al igual que regulamos la temperatura del horno, tenemos la capacidad de regular la intensidad de la emoción. No se trata de no sentir. Sino de permitirse sentir sin que la intensidad nos arrastre y nos pierda el foco de la situación global, que no parcial, que estamos viviendo. 

 

Por tanto, recopilemos:

– No existe la opción perfecta. No hay aciertos ni desaciertos. Hay oportunidades.

– Estas oportunidades no son blancas ni negras. Son.

– Y ante estas oportunidades, nos abrimos a la adaptación, a experimentar.

Ok, ya hemos puesto los cimientos. Veamos ahora cómo dar respuesta ante lo que nos acontece: ¿escoges la lógica o el sentimiento?

Es una pregunta totalmente con trampa  😛 Pues no se trata de una u otra, sino de encontrar la coherencia entre ambas, para que la respuesta escogida te sea grata.

Hay situaciones que requieren que tengamos una respuesta totalmente lógica y otras en que los sentimientos van a estar a flor de piel. Perfecto, ya estamos viendo que ante determinadas vivencias que tengamos puede que haya más preponderancia de una que de otra. Ahora bien, igual que en la escuela nos enseñaban cálculo y lengua o filosofía lo mismo sucede con nuestras ideas/sentimientos. Ambas son necesarias. Ambas deben ir de la mano, acompañando la decisión de la una con la otra.

¿Cómo hacerlo? 

Te propongo lo siguiente:

  1. Cuando tengas que tomar una decisión, permite que estén siempre presentes ambas partes. Déjate analizarlo / reflexionarlo y a la vez déjate sentirlo.
  2. Puede ser que te ayude el escribir. ¡Adelante!
  3. Imagínate ahora una balanza, en esta balanza vamos a poner a un lado los kilos del análisis/reflexión y en otro lado los kilos de los sentimientos. 
  4. ¿Cuál tiene más peso? ¿Tienen el mismo peso? ¿Con cuál te sientes más cómodo?
  5. La decisión debe partir de una coherencia entre nuestro hacer y nuestro sentir. Pues frecuentemente, después puede venir la frustración porque cómo se actúa no es conforme a como a uno le gustaría.
  6. Por tanto, busca aquella respuesta / opción que te sea cómoda, gustosa. Habrá veces en que tendrás un por qué o incluso varios, otras sin embargo puede que haya algo tan fuerte latiendo dentro tuyo que escapará de toda lógica. No hay problema, siempre y cuando te sea cómodo.
  7. Recuerda, no hay nada más perfecto que la opción que tomes. Suelta la carga de la perfección a un futuro que todavía te es totalmente desconocido.

La propia palabra SENTIMENTAL ya nos indica la gran relación que se guarda entre SENTI (sentimientos) y MENTAL (mente). ¿Por qué empeñarse entonces en separarla?

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