Estar “chof” puede ser una oportunidad

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“Chof” es una palabra que sin estar reconocida por la RAE, es ampliamente conocida por todos nosotros. Resulta curioso, a la par que simpático, como un término puede significar y transmitir tanto sin ser propiamente una palabra.

¿Quién no ha estado “chof” en más de una ocasión? Una situación complicada, una sensación extraña al levantarse que hace que te cueste… Seguro que sabes lo que es y que alguna vez has estado chof. Un “chof” que generalmente frena el paso al avance, que tiende a la quietud, al abatimiento, al color oscuro o negro que conlleva el deseo de pasar desapercibido, o a resguardarse hacia adentro de uno mismo.

Este ir hacia adentro puede verse como una derrota, o puede verse como un simple momento para reducir la marcha de crucero que se lleva en el día a día, a ritmos ciertamente elevados, y sin conciencia de la carretera por la que se está circulando.

El ir con el piloto automático da pie a que uno no se pare a observar cómo está, cómo se siente, cómo es el día, qué sabor le desprende la comida que está comiendo… Todo pasa desapercibido. No hay tiempo para verse, para reconocerse, para estar con uno, ni para invertir en uno mismo. Con ello deseo transmitiros la necesidad de que el estar “chof” o bajo de ánimos, es una gran y maravillosa oportunidad para comprender. Ofrece la oportunidad de dar un paso pequeño hacia atrás para tomar un gran impulso y poder avanzar.

 

Hay dos frases que me encantan y que explican muy bien esto último:

  • “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

En la vida, siempre habrá momentos y situaciones que provoquen que nuestro mar interno esté en total calma y sosiego, y otras en las que sea un auténtico remolino. Esas que generalmente más nos agradan son las de calma y sosiego, ya que nos dan una visión positiva de nosotros, nos muestran cómo estamos y actuamos ante ese mar tranquilo. Sin embargo, una persona no queda definida por una sóla visión, por una sola pieza. Cada uno de nosotros tenemos múltiples visiones y piezas que nos definen. Para comprenderlas, es necesario experimentar mares revueltos para que desde ahí encontremos el rumbo, la decisión, la certeza, o la confianza hacia uno mismo. Desde ahí uno puede dirigir el timón, que no es otro que nuestro corazón. Desde ahí, se logra una experiencia que no sería posible tener viviéndola en otros mares.

  • “Todo lo que no se atiende, tarde o temprano reaparece”.

Podemos no escuchar nuestro cuerpo. Podemos no querer dar respuesta a las necesidades que éste nos transmite. Podemos no querer sentir las emociones que en nuestro interior se guardan. Sin embargo, si no se les da una escucha activa, más tarde o temprano saldrán a la superficie. Y cuando lo hagan, puede ser en forma de susurro o de grito. Según el tiempo que se las ha tenido reprimidas como rehenes en nuestro interior. Nuestras emociones nacen para ser vividas, sin etiquetas de buenas o malas. Simplemente, vivirlas para que así nazca la comprensión y el autoconocimiento hacia nosotros.

Te animo a que un día que te sientas chof, te des la oportunidad de escucharte, de observar qué pide tu cuerpo y darle así la respuesta, para que ese chOFF transmute en un ON. Y si no la encuentras, nosotros te ayudamos a través de nuestro servicio terapéutico integrativo, donde te damos trucos y herramientas para gestionar las emociones de tu día a día.

 

 

 

 

 

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