Cómo afrontar el miedo

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¿Quién no ha sentido miedo en alguna ocasión? ¿Quién no se ha sentido sin fuerzas o fortaleza para dar el paso? Todos en mayor o menor grado, en mayor o menor medida, hemos experimentado o sentido que no sabíamos cómo afrontar el miedo. Todos hemos conocido en algún momento al señor Miedo.

Es un señor que de entrada podríamos rechazarlo, pues no sería bienvenido en la mayoría de casas, pues asociamos miedo a algo muy desastroso. ¿Siempre es así?

En el artículo de hoy vamos a hablar precisamente del miedo. El miedo es un aliado pero generalmente lo vemos como un gran enemigo. En el momento en que se convierte en enemigo es como consecuencia de que algo no está teniendo una respuesta idónea para nosotros, no tenemos capacidad de gestión. Y ante ello, pueden aparecen síntomas como de bloqueo mental, inapetencia e incluso llegar a manifestarse en forma de depresión. Y es que, el miedo puede llegar a bloquearnos hasta el punto de anularnos.

Imagínate un PC al que le ha entrado un virus. Si este virus no tiene una rápida respuesta puede llegar a inutilizar todo el funcionamiento e incluso contenido que almacena el PC. ¿Verdad que en estos casos recurrimos a un antivirus y buscamos todas las opciones posibles para dejar al PC en unas condiciones óptimas de funcionamiento? ¿Por qué no actuar de una manera muy similar ante ese miedo que pretende gobernarnos?

Obviamente, hay muchas manifestaciones del miedo y muchos posibles desencadenantes. No es mi intención en este artículo entrar en detalle a todas estas posibilidades, sino contemplarlo desde un enfoque global.

Por tanto, ¿cómo gestionar el miedo?

1. El miedo inicial nunca deriva en un síntoma patológico. Es el tiempo en que esté instaurado en nosotros lo que conllevará a que puedan aparecer otros síntomas. Por tanto, de entrada no se trata en rechazar el miedo y catalogarlo como lo peor de lo peor. ¡No! Se trata de ser conscientes: observarlo para poder encontrar la respuesta, igual que haríamos con un niño que no comprende qué está pasando. Es necesario, razonar para que comprenda cuál es la realidad de lo que está sucediendo, y no tanto la distorsión que está viviendo. Para ello, es necesario que tomemos nota cuando venga a visitarnos el miedo y estemos viendo que es algo recurrente, y nos preguntemos (te recomiendo que lo hagas por escrito): a qué le tengo miedo, o cuál es la razón / emoción que me provoca que aparezca el miedo.

2. Una vez que hemos visto que es una emoción asidua en nosotros es necesario ver la globalidad de este miedo:
– ¿Qué me provoca (a nivel físico y emocional) este miedo?
– ¿Qué ocurriría si ese miedo llegase a producirse?
Al mencionar en este punto la palabra globalidad me refiero al contextualizar la emoción en el espacio-tiempo. Pues es frecuente que el miedo sea ante sucesos que todavía no han sucedido, sino que es un futurible de una posibilidad que pienso que podría darse. A su vez, es
importante ver dónde estoy. Con ello me refiero a tomar conciencia del momento presente, de sentirte aquí y no por los futuribles de lo que puede o no ser.

3. Cómo he respondido en anteriores situaciones ante esta emoción, ante ese pensamiento de lo que creía que podía pasar. En el momento en que nos paramos y vemos que aquello que creía como imposible veo que ha habido otras situaciones vividas en el pasado en las que se ha logrado sobrepasar con mayúsculas. Por tanto, ¿si antes se fue capaz por qué no se va a ser capaz ahora?

En el momento en que comenzamos a tomar conciencia de cómo está interactuando nuestra mente y cómo el cuerpo, no sólo a nivel emocional sino también físico, está dando respuesta, se abrirá una gran puerta de posibilidades. Pues se está siendo consciente de cómo los resortes, muy posiblemente automáticos de muchos años atrás, han estado funcionando. Por tanto, no te exijas que estos cambios sean de hoy para mañana. Afrontar ese miedo tomará su tiempo. Algo que ha estado tanto tiempo funcionando así no desaparece de pronto, necesita de un período para irse readaptando a la nueva situación.

Por tanto, permítete disfrutar del proceso de descubrirte. Paso a paso, ¡sin correr, sin prisas! De ver todo lo que residía en tu interior probablemente olvidado, que ahora reclama tu atención para que pueda ser atendido y desde ahí ver lo realmente importante: A TI.

Obviamente, a nadie le gusta pasar miedo. Yo soy la primera que en las películas de miedo en más de una ocasión tengo que cerrar los ojos 😛 Sin embargo, cuando reenfocamos el miedo nos brinda una estupenda oportunidad para transformarlo en un alto grado de conocimiento propio y del entorno. Además, ¿quién no ha sentido ese miedo, ese gusanillo, esos nervios ante algo nuevo a hacer? Este tiene el nombre de ilusión por lo nuevo a experimentar.

Si te gustaría descubrir más herramientas sobre cómo afrontar el miedo, te recomendamos nuestro servicio de terapias naturales personalizado donde te ayudaremos a la gestión emocional, para que puedas convertir todas esas emociones que no se es capaz de gestionar en una gran oportunidad de descubrirte a ti mismo/a y salir fortalecido de ello.

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